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Corro Solidario: Valdefresno 11 de septiembre
El sábado 11 de septiembre, a partir de las cinco de la tarde, en V...Readmore
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| HISTORIA |
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| miércoles, 20 de julio de 2005 | |
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INTRODUCCIÓN La Lucha Leonesa o Aluches (de ahora en adelante), como popularmente es conocida, es uno de los deportes autóctonos más antiguos de cuantos perviven en toda España. De supuesto origen astur y prerromano, los aluches conservan un cierto sabor rural y primitivo de aquel con el que nacieran. Cada verano, coincidiendo con las fiestas patronales de los pueblos comienza a verse luchadores por las eras de los pueblos practicando la luche. Los corros de aluches, típicos de una zona muy concreta de la montaña y ribera leonesas, se remontan de forma, más o menos, conocida al siglo XIV, época en que la repoblación presentaba frecuentemente conflictos fronterizos por los pastos del ganado. Las luchas entre ganaderos, pastores y labriegos como consecuencia de los pastos para el ganado se conocen ya desde el siglo X. ![]() En esa época las cosechas no eran abundantes y tenían un riesgo muy alto de perderse por la climatología, incendios, plagas, etc. El ganado, en cambio, era más rentable y podía llevarse de un lugar a otro dependiendo de las circunstancias, porque no hemos de olvidar que las disputas y la violencia en forma de guerras eran algo cotidiano. Las disputas y peleas por los pastos entre pastores y ganaderos o con los agricultores provocaban luchas amistosas y no tan amistosas. Así nació la leyenda de las luches y también las migraciones ganaderas de donde surgió La Mesta. Esta es una de las muchas razones por las que, desde siempre, se ha hablado de los pastores como practicantes, transmisores y responsables de la práctica de la lucha leonesa. Así nos lo cuenta J. González en su libro Casta de Astures: "...Efectivamente, allá, en Extremadura, en las majadas de la Alcudia y de la Serena, he visto desafíos de pastores nuestros con otros de las cabañas de Perales y de Bornos, y son ellos, los luchadores, los que deciden las caídas dudosas." Los desagravios entre pastores y labradores quedan bien resumidos en una sentencia leonesa que dice: "los labradores son malos por naturaleza y si tienen el tiempo de balde, como los pastores, la maldad misma." Es bien cierto que los aluches y su práctica han tenido desde siempre mucha relación con determinadas profesiones como los ganaderos, pastores, molineros, canteros, leñadores, etc. Se podría decir que viendo la evolución de la Lucha Leonesa se van conociendo los cambios económicos y sociales en los que se ha visto inmerso León. Además, los aluches es el único deporte de combate que permanece vivo en la Península Ibérica de todas las modalidades de lucha que existían hasta este siglo como: lucha de la cruz (Salamanca), vueltas o marañas (Muga de Sayago-Zamora), engarrucha y aluches (Cantabria), loita (Galicia), luchas o trinchas (Zamora), galholfa (norte Portugal), baltu (Asturias), valto (Concejo de la Lomba - León), valtío o aluchas (La Cepeda - León), lucha del Roncal (Pirineos) y probar a juntar (Baleares). ¿QUÉ SON LOS ALUCHES? Son un deporte de combate en el que dos contendientes, con agarre fijo a sendos cinturones de cuero, trata de tirar a su contrario al suelo mediante una serie de mañas. La forma de agarrar es como sigue: La mano izquierda va colocada a la mitad de la espalda del contrario, por debajo del brazo derecho de éste, el pulgar por dentro y el resto de los dedos rodeando el cinto afuera y cerrando la presa junto con el pulgar. ![]() La mano derecha va colocada por encima del brazo izquierdo del contrario, en la mitad lateral-delantera del costado izquierdo del contrario, el pulgar por fuera de arriba hacia abajo rodeando el cinto y el resto de los dedos por dentro del cinto de abajo hacia arriba, cerrando la presa junto con el pulgar. (existe el mismo agarre a derechas, es elección de los luchadores). Vence el primero que en minuto y medio o tres (dependiendo de la ronda en que se esté) de combate tiene mayor puntuación o suma dos caídas, que es lo más habitual. Las distintas formas de puntuar son: Caída entera: Cuando se consigue hacer tocar al contrario con la zona que va desde los glúteos hasta la zona cervical. Caída media: Cuando el contrario se suelta del cinturón; toca en el suelo con el pecho o la zona del costado. Pero los luches no siempre fueron como hoy día; conocemos tan solo referencias, más o menos descriptivas y fiables, desde el último cuarto del siglo XIX que apenas variaron hasta 1930. Las formas de agarrar y de puntuar eran muy diversas; la riqueza motriz y variedades luctatorias que esto suponía era tal que, a veces, incluso en localidades vecinas se "aluchaba" de forma diferente. Las maneras de cogerse los luchadores eran: había agarre libre a pantalones o bragas de sayal o estameña (una tela muy resistente), agarre a cinto y bolso del pantalón, agarre a la trincha del pantalón, agarre a un cinturón en la cintura y otro cinto en la pierna, agarre a brazo, agarre a cinto pero con sueltas de una mano... ![]() Respecto a las caídas permitidas o válidas para ganar: En unos sitios sólo era válida para puntuar la caída de espaldas, en otros era a cuerpo tendido, en algunos con tocar con una mano o rodilla en el suelo ya se perdía, había sitios en que estaba permitido soltarse pero sin hacer maña con el brazo; se vencía dando una caída o en otros pueblos dos... Esas aluches del primer tercio del siglo XX eran la actividad festiva, recreativa e indispensable en cualquier romería de los festejos de los pueblos. Si no había luches la fiesta no era fiesta; sin aluches no había emoción. El corro de luches solía comenzar con el reto lanzado al aire, unas veces "¿hay quién luche? o "me calzo", otras "Mansilla a todos a correre y a luchare", "Riaño y un agregao a todos", etc; (el agregao era un buen luchador de otro pueblo distinto pero que ese día luchaba con los locales, era, como si dijéramos, el fichaje estrella). El interés y ambiente que se vivía por parte del público allí congregado rayaba muchas veces la locura; el grado de tensión e interés se justificaba por una identificación a ultranza de su honor familiar del luchador de su pueblo, los de su valle o comarca, los de la montaña, etc. "El caso más espectacular a que tuve el honor de asistir fue el de los cinco hermanos, que iban saliendo uno tras otro, eliminando ellos solos a los mejores contrincantes de toda la comarca. Cuando cayó en último y el mejor de los cinco (siempre acostumbraban dejar para el final los mejores luchadores de ambos lados), salió al corro su padre, como un león a defender a sus cachorros. El prao tembló de entusiasmo y de emoción; se estremecieron las piedras, y en la multitud que presenciaba el espectáculo se cortó la respiración. También en el prao se cortó la respiración de todos los espectadores: todos estaban pendientes de aquella pareja que en medio del corro se batían como dos leones que defienden la misma presa. Aquí defendían la honrilla de su bando: aquí defendían el honor y la gloria de todos los suyos: de su valle, de su pueblo, de su comarca y de todos sus hijos. Y la gloria, la honrilla y el honor fueron en aquella memorable tarde repartida por igual por aquellos dos colosos que se batían en el césped como dos titanes, haciéndonos recordar aquellas antiguas competiciones de los gladiadores romanos ante sus emperadores y en los circos que bien pudieran ser un fiel anticipo de estos corros que al aire libre han repetido por décadas y más décadas proezas como la que ahora describimos. Aquella tarde no tuvo campeón el corro de Crémenes. Ambos contrincantes combatieron hasta quedarse sin fuerzas, ambos combatieron como dos cachorros jadeantes y furiosos, sin ceder ni un ápice de su terreno, y ambos procuraron allí sus elegantes y finas mañas con gala y maestría sin precedentes en tales lides, agradando a los espectadores que seguían emocionados y en silencio tan reñida competición. Pero ambos tuvieron que abandonar sin el laurel de la victoria. Y ambos abandonaron jadeantes y orgullosos, como gallo que no triunfa en corral ajeno, pero que no le expulsan del propio. El árbitro del aluche tuvo que dar por nula la competición cuando ya los espectadores comenzaban a impacientarse y cuando, a la luz de tenue farol y de dos linternas viejas, les era poco menos que imposible seguir todo el proceso de tan reñida contienda. Me estoy refiriendo al corro de San Juan, en Crémenes, en el año1929. El árbitro y organizador del corro era Santiago Tejerina". Fidel González Largo "Escenas Costumbristas de la Montaña Leonesa". Una descripción muy gráfica de cómo se organizaba y desarrollaba el corro de lucha la tenemos en escritos de ámbito folklórico como éste publicado en el "Mensajero Leonés" " de Septiembre de 1903: ...el día 15 en la romería de la Virgen del Roblo, el principal nº del programa lo constituyen los aluches tan típicos en el país. Un gigantesco corro, cuya formación no deja de ofrecer algunas dificultades, deja en medio una pareja de luchadores, vestidos con unos pantalones ad hoc, de los cuales se despojará el vencido para cedérselos al nuevo atleta que salga después. Los mozos de Salamón retan todos los años a los de los demás Ayuntamientos y cifran su mayor orgullo en que nadie les lleve la victoria. Los dos combatientes se agarran, previos algunos tanteos, asiéndose fuertemente de la cintura del contrario. Empieza la lucha, que es bastante reñida; ninguno cede; tras una aparente inmovilidad, empiezan las posiciones inverosímiles, las paradojas estáticas, a las cuales sucede nuevamente el equilibrio producido por iguales esfuerzos musculares, que aplicados en el mismo sentido, serían bastantes para dar al traste con nuestra catedral. Por fin uno de los dos se rinde, el otro redobla sus esfuerzos, y el primero se desploma, apresurándose después a levantarse y abandonar el corro, mientras el vencedor permanece tumbado en mitad del circulo, arrancando briznas de hierba con aire disciplente, como persona a quien el triunfo obtenido no engríe ni preocupa. Continua el aluche. Otro mozo sale a la palestra, con los pantalones del anterior y esta vez ocurre un incidente que promueve un conflicto de difícil solución. El pantalón se rasga de arriba abajo por su costura lateral izquierda y el contrincante no puede asirle en las condiciones adecuadas... ¿qué hacer? El respetable publico se cree llamado a ejercer su acción fiscal y todo se vuelven indicaciones y protestas, voces y clamores. El radio del circulo disminuye sensiblemente y se hace preciso que el tío Ugenio de Las Salas, recorra la circunferencia humana, repartiendo palos adiestro y siniestra con una vara de avellano, a cuya cortés invitación vuelve el palenque a recobrar sus dimensiones primitivas. El problema se soluciona dando la vuelta a los pantalones de modo que el siete caiga a la derecha; juicio sabio, prudente y discreto que vale vítores y aclamaciones al anciano Licurgo que dio en el quid. Las luchas se prolongan casi indefinidamente y al final se lleva la palma el pueblo de Huelde, en la persona de un mocetón que derriba a cuantos se presentan. entre los bailadores distingo un mozo que derribó a 5 luchadores y que sin duda se quedo con ganas de hacer un poco de ejercicio, según el furor con que agita piernas y brazos. En aquellos tiempos los aluches tenía la función social de destacar sobre pueblos adyacentes, competir con otras localidades; había piques entre grupos de luchadores que se retaban de una aluche a las siguientes luches en otro festejo. Este nivel tan alto de motivación y el grado de ansiedad e interés estaba muy relacionado con que era en una época muy corta del duro año laboral cuando se podían "permitir el lujo" de divertirse y de juntarse con otras personas con las que apenas tenían relación el resto del año. En definitiva salir de la rutina laboral que, además, era muy dura y sacrificada. Así podemos leer en el periódico antes citado en agosto de 1903 hablando de un pueblo de montaña llamado Prioro: "...y ahora vamos con los aluches. Resultan ya muy reñidos porque siempre tratan los mozos forasteros de llevarles; pero hay unos luchadores en este pueblo que hay que verles, y sino que lo digan varios señores de León que lo han presenciado el año pasado y este pues siempre suben los bañistas de Morgovejo a presenciarlo. Este año como casi siempre, los mozos de Morgovejo trataron de llevarlo todo por delante, aunque en vano. Lo que son dichos mozos... y sabida es la frase de un hombre inteligente que dijo que desde Villalon al Puerto de Tarna son los mas... los menos avispados... todos los años suben a luchar casi oscurecido y luego las caídas dicen que son de los del pueblo y se arma una zaragata. Un día vamos atener que sentir, si las autoridades no ponen mano a esto corrigen esos abusos. Después vienen al pueblo y empiezan a insultar y hacer daño y molestar a todo el mundo incluso a respetables personas, que para nada se meten en esas cosas y a los aluchadores les tratan de cobardes y meriguillenes. ¡Vamos hombre! Decir eso de ellos ¿donde irán esos cabecillas cuando saben que un luchador que tenemos (que durante el invierno esta de camarero en el Escorial) tira a los de Morgovejo juntos y a otros mas fuertes que ellos?. Pues sepan esos que a Prioro no vuelven a pintarla. Y siempre y donde quiera que van hacen lo mismo, y en tan mala reputación los tienen, que tendrán que... ahuecar el ala. Ya varios años los vecinos se han quejado de ellos a la autoridad. Y sobre todo que no vuelvan a insultar a la juventud de este pueblo porque tiene mejor sangre que ellos y mas formalidad y prudencia y mejor fama en todas partes. El primer día de aluches "el camarero" tiró a 6 y el segundo día tiro a 13. Elías Escanciano el primer día tiro a 7 y el segundo día tiró a 4. Estos y otros varios fueron los que mas se lucieron resultando los caídos en los dos días 18." En nuestros días han cambiado muchas cosas pero este ambiente de vivencias sigue latente. Hay que tener en cuenta que en los últimos años el público que asiste a los corros ha crecido en progresión geométrica hasta llegar a las 40.000 personas que cada verano acuden, pagando entrada, a disfrutar con sus "ídolos". Este volumen de público es más importante si tenemos en cuenta que el 80% de las poblaciones donde se celebran los corros tienen menos de 200 habitantes y en algunas de ellas se congregan hasta 2500 personas, multiplicando por 10 su población. Como conclusión podemos decir que los aluches es el evento deportivo que más gente mueve en los meses comprendidos entre Junio y Septiembre en estas zonas, o mejor dicho, es el único evento deportivo con seguimiento por parte del público durante estos meses. De toda la provincia leonesa es, únicamente, en su zona Nororiental donde más arraigo tienen los aluches. También la zona central limítrofe con León capital es lugar de lucha debido, sobre todo, a que la migración de las gentes hacia la capital, (hasta los años 60), llevó consigo la cultura y tradiciones propias entre las que se encuentran los aluches. Los corros de aluches se celebran en tres zonas: Montaña Central 1339 Km2 Montaña Oriental 2387 Km2 Tierra de León 1986 Km2 Estas zonas suponen 5712 Km2 que es más del 30% de la provincia leonesa. La mayor parte de estas zonas es media o alta montaña pero por lo que respecta a la Lucha Leonesa tradicionalmente sólo existen 2 zonas: Montaña.- Comprende todo el territorio que se encuentra al Norte de la línea de ferrocarril León - Bilbao. Ribera.- Comprende todo el territorio que se encuentra al Sur de la línea de ferrocarril León - Bilbao. Los enfrentamientos entre la montaña y la ribera, entre las peñas y el terruño, congregaban más de 5000 personas en un pueblo, provocaban la locura de sus seguidores y el entusiasmo o polémicas que suscitaba marcaba estos encuentros como algo épico. Por estas 2 zonas discurren los ríos: Bernesga, Torío, Curueño, Porma, Esla y Cea (de Oeste a Este), que son las cuencas hidrográficas más importantes de la provincia de León. Las cuencas de los ríos también marcaban determinados enfrentamientos. En una localidad de la ribera, Mansilla de las Mulas, las luches tenían otras peculiaridades locales. En Septiembre de 1903 leemos en "El Mensajero Leonés": "...por la tarde comenzaran las fiestas con la primera corrida de... rosca donde la juventud gimnasta practica un buen ejercicio higiénico; pero la verdadera función que enardece los entusiasmos del país es la herencia de nuestros predecesores y que la costumbre inmemorial ha sancionado como la inquebrantable, esta popular lucha, o como si dijéramos, el torneo de la edad media donde los caballeros rompían lanzas. Ahora los hombres de la región, ya desde que son chicos, poniendo su vigor juvenil a servicio de la fiesta, luchan a brazo partido, midiendo las energías musculares, su acierto en el desenvolvimiento de las mismas, en agilidad, su pericia en el manejo de las mañas que el arte pone a su disposición, mientras que aquella apiñada asamblea de técnicos que los rodea, formando una informa muralla de carne y hueso excitados por la pasión de partida, tan avaros del derribo de uno de los héroes, como de la victoria de su otro protagonista, cuestionan con el calor del momento, e resultado definitivo del torneo a pie, digo mal de la lucha efervescente; Allí se aquilata hasta el ultimo extremo las circunstancias que pudieran favorecer a uno y la oportunidad de los movimientos del otro, para resolver al fin, la victoria para el mas fuerte, quizá para el mas afortunado, el mas decidido, no siempre para el mas diestro". Tradicionalmente la luche no tenía categorías de peso, hoy existen cuatro categorías, ligeros con menos de 67Kg., medios de 67Kg a 77 Kg. semipesados de 77Kg. a 88 Kg. y pesados de mas de 88Kg. Antaño se luchaba todos contra todos y, además, no había eliminatorias, era todo seguido. El que un luchador de aspecto sencillo tirara a otro contendiente mucho más fuerte (hasta 30 Kg. o más) tenía más mérito que el ganar el corro. Esta luche pura permitía casos como el que un luchador tirara a 15 o 20 contrarios y luego le venciera uno y fuera éste el que quedara campeón del corro. Al contrario de lo que mucha gente desinformada dice, los luches no producen lesiones de gravedad. Antonio de Valbuena nos describe cómo eran los aluches en su infancia en el pueblo allá a mediados del siglo XIX en 1860 más o menos: "Los que no conocen el aluche sino desde fuera, suelen creer que es un ejercicio durísimo, casi brutal, y que los luchadores se sofocan y se matan allí forcejeando. Nada hay más ajeno de la realidad que esta creencia. En el aluche no trabajan ni se sofocan más que los que no saben luchar. Si, á veces se ve que luchan dos pobres muchachos de mucha fuerza, pero que no tienen maña ninguna; se les ve trabajar y dar vueltas y bregar y sudar, tratando de retorcerse el uno al otro, inútilmente, y al fin tienen que salirse del corro ambos, porque no consiguen tirarse. Pero el que es luchador no se sofoca, ni suda ni apenas trabaja. Se agarra y tiene constantemente las manos flojas; no aprieta sino en el momento de dar el golpe. Para éste el aluche es un ejercicio moderado, una diversión verdaderamente. Me acuerdo yo de ver luchar a un estudiante muy conocido mío, de buena estatura pero delgado, mimbreño, como que estaba sin desarrollar, pues no tenía más que dieciocho años; Y una tarde de romería, en cosa de dos horas, tiró á dieciocho hombres, todos más fuertes que él, algunos de ellos como castillos. Y á todos los tiró con la misma maña, con la cadrilada, y eso que cuando habían caído ya tres ó cuatro, iban los demás muy prevenidos para evitarla; pero luego que se agarraban, como veían que no les sujetaba, que les tenía flojos, casi sueltos, olvidaban el peligro, y entonces caían como los anteriores. Seguían saliendo muy dispuestos á resistir, y seguía él sacando al aire hombres de siete y ocho arrobas llamados con los aumentativos de Angelon, Fructuoson, etc., dejándolos caer suavemente al suelo, sin caer él encima casi nunca: á muchos de ellos parecía que los sentaba a propósito. ¿Cómo podía hacer estos prodigios un muchacho que ni por su edad ni por su corpulencia podía tener fuerza considerable, si no fuera la maña? ¿Cómo hubiera podido seguir tirando hombres hasta que ya no hubo más que lucharan, si mientras estaba agarrado con ellos hubiera estado constantemente haciendo fuerza? Imposible. Pero él se agarraba con uno, le dejaba dar tres o cuatro vueltas, y cuando el otro iba adquiriendo confianza al ver que no apretaba, que le dejaba flojo, daba su golpe de cadrilada y... hombre á tierra. Se paseaba ó conversaba con algún amigo, ó se sentaba en la campera esperando á que se preparara otro; salía otro, y á los dos ó tres minutos le ponía mirando para las estrellas, pues ya las había cuando se concluyeron los luchadores y se deshizo el corro. Bueno: pues media hora más tarde le vi tan tranquilo sentado á la mesa, cenando con buen apetito, y poco después de cenar, bailando como los demás, como si no hubiera luchado." Por eso en los aluches siempre había dos premios, uno para el que quedara campeón y otro para el que más contrarios tirase. En la ribera del río Esla, en un pueblo llamado Villacidayo, los premios de los luches eran: "Hay tradicionalmente dos premios: uno para el que queda en el corro al final, porque no hay quien le tire; a menudo es un tipo fuerte que ha salido al corro poco antes, esperando su momento oportuno, conociendo qué luchador le iría mejor a sus mañas; puede ocurrir, pues, que el que gana el luche no tire más que a uno y luego nadie se atreva a salir a él. El segundo premio en importancia se da al que más tire; es, sin embargo, el luchador que más ha brillado en la tarde, el que, uno tras otro, ha ido tirando a sus rivales; su mérito, además, está en que, teóricamente al menos, es el que más se ha fatigado, puesto que los demás salen a él frescos; si no se hace la trampa (después de secretos acuerdos) de enfrentar a un mediano luchador con varios luchadores que son peores que él para que pueda ganar el premio del que más tire, éste, el que lo gana, suele ser el luchador más brillante de la tarde." Las mañas son las distintas técnicas o formas de tirar al contrario al suelo y en esto los aluches no han cambiado porque, obviamente, son las mismas de antaño. Curiosamente cada maña suele tener diferentes adjetivos con relación a su nombre, forma de ejecutarse, tipo de luchador que la hace, su semejanza con determinadas actividades de la vida del pueblo o su similitud con algunos aperos de labranza. Nos cuenta Jose González: "Cuando se luchaba por el honor, por la honrilla de un pueblo, por la historia gloriosa de los antepasados, perpetuada en una juventud soñadora y entusiasta; cuando el premio no era más que una rosca ofrecida por las mozas de la aldea, y los desafíos de pueblo contra pueblo, de valle contra valle, tenían emociones de épica grandeza, entonces el aluche merecía ser vivido y saboreado. La Media Vuelta, rápida como un relámpago. La Mediana, que roscaba la pierna derecha del luchador en la pierna izquierda del contrario y terminaba desplomando, de espaldas; la Dedilla empleada, por lo bajo, que hacía caer de bruces al enemigo, el Zancajo, arma de los fuertes, la Gocha tirada por piernas largas, pero sin arte, la elegante Cadrilada, levantando y revolviendo al enemigo con una maestría artística, bonita, el Garavito, arma favorita de los luchadores de poca talla, contra los mozones, eran mañas que entusiasmaban a un público consciente. Todo este arte precioso y fascinador estaba avalado por el aplauso de un público que comentaba las mañas, recordando tiempos pasados, en los que los luchadores de fama, que habían sido el orgullo de su pueblo y de su valle." Las mañas, en la ribera, también tenían, más o menos, los miembros nombres y se ejecutaban de la misma forma. Jose Millán Urdiales nos cita: "Antes de dar el golpe, los luchadores se observan, a veces durante bastantes minutos, pues de lo que se trata es de sorprender al otro; las mañas cuentan, pues, más que la fuerza, pero, naturalmente, cuando hay mucha diferencia de peso entre dos luchadores el pesado lleva las de ganar aunque no sepa las mañas que sabe el otro; Mañas son todas las tetras, llaves o giros de que se sirven; Vienen a ser distintos tipos de zancadillas acompañadas de un brusco movimiento con el resto del cuerpo; por eso, mientras los dos luchadores agarrados se observan, pasan el tiempo insinuando ataques y resistencias para descubrir las tendencias y flaquezas del otro. Las mañas son variadas y de no fácil descripción; en casi todas entran las piernas como palanca, es decir, una pierna, y a esto llaman trancar; así se dice: trancar por detrás, echar la gocha, la mediana, falsearla, el trespiés; otras, sin emplear la pierna directamente, son la media vuelta, sacar a voleo (es dando vueltas veloces en el aire al rival, para luego, bruscamente, cambiar de dirección y por inercia ponerlo de espaldas), sacar arriba, a la cadrilada, etc." CONCLUSIÓN Estas eran las luches que se celebraban con el único fin de entretenerse y pasar el rato. Esta actividad fue la principal causa de pasarlo bien, la mejor disculpa para disfrutar con motivo de las fiestas y donde el premio, las más de las veces, era un gallo o un mazapán a medias con la carrera de la rosca. De los desafíos del "¿hay quien luche? o "me calzo", sin reglamentación fija, con costumbres y normas localistas, con distintos agarres y caídas, duración interminable, sin ninguna organización estable... se ha pasado a una, todavía incipiente, reglamentación que intenta deportivizar la única modalidad de lucha autóctona y tradicional que queda en la Península Ibérica. Como se puede ver el precio que la lucha leonesa tuvo que pagar para no desaparecer como las otras luchas fue el perder toda una riqueza de variedades de agarre, diferentes maneras de puntuar, acciones técnicas permitidas, variedades normativas, valores costumbristas, etc. Pero lo que ganó no fue poco: el seguir viva. Fotos y Texto: Andres de la Torre & Remelende & sate86911172 |
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